Los pasos en el desierto

 

Costa brava¿Porqué hay que apoyar un espacio como Costa Brava?
Andorra es un territorio difícil cuando se trata de hacerse un hueco, y no porque el nivel gastronómico sea amplio y apunte revelaciones de territorio. Se han dormido en los laureles muchos locales y sigue pensando gran parte del empresariado que es sencillo convencer al gran público con propuestas mortecinas. El nivel gastronómico está muy alejado de una media, tanto francesa como española, que quiere revitalizar con orgullo, tesón y honradez, una gastronomía caduca. Pese a la gran clientela que acoge fin de semana a fin de semana, y más cuando la estacionalidad viste el país de nieve y temporada de “nieve”.
Costa Brava es un restaurante con cocina y sala entregados hacia el disfrute del comensal. Puede tener defectos, que los tiene (es incomprensible que cobren aperitivos que el comensal no ha pedido), y deberán buscar las soluciones para perder complejos frente a una gastronomía casi de 3D, pero se aleja mucho de la mediocridad que empolva a tantos afamados locales del principado.
Quizá la amplia carta, para tratar de diferenciarse del resto, sea un rémora. Quizá la disparata proporción de precios/calidad en postres sea muy llamativa, porque un tiramisú, excesivamente graso, pero con la genialidad de gotas de chocolate sabroso, deberían mostrar que se pueden hacer propuestas que alegren al comensal.
Elijo para comer lo que la casa llama el menú del chef, una serie de propuestas, varios entrantes de primero y segundo. Sabiendo que me voy a encontrar algo no casero tomo el ravioli de setas, para predecir como el cocinero puede afrontar un trabajo externo. Si la pasta tiene algo mucho te textura industrial, el resultado podría ser mejorable con alguna salsa que no hiciera tan seco el recorrido por los raviolis. Buenas intenciones. Falta de jugosidad.
En el segundo, un cochinillo al horno, frito antes de presentar, la queja es la parte comida, un costillar de ración ridícula. Pero sabroso.
Antes del postre, por capricho, algo de queso. Correcto.
El postre, ya lo he dicho, graso en demasía.
Atento el servicio, que no debería defender a ultranza la propuesta de la casa. Siempre el diálogo es constructivo. El cliente quiere conocer, no juzgar.
Curiosa carta de vinos donde hay algún error de denominación. Pero es de agradecer esas propuestas “eco”, con precios más que correctos. Un punto más que positivo, pero que debería ser cuidado, ofreciendo algún vino por copas, en sus diversas variantes.
Un espacio que merece la visita, que en un entorno tan complicado como la geografía que lo acoge, sobresale por la honestidad y el amor entregado.
Si pueden acérquense. Su estómago se lo agradecerá.

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